Won’t you miss me?

Alguien sáqueme a Syd de la cabeza y al otro tipo del corazón.

Te escribí un poema de amor que es una maldición. O al revés.

Si ya saben cómo soy para qué andan conmigo.

enamorarse

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Postal desde Mezote

me miraban como sonriendo

sin sonreír

quizás la religión

también se los prohibía

como prohibía beber bailar

nunca les pregunté

me miraban como diciendo

cuántas palabras nuevas

qué poquito novedoso

desyerbaba la milpa

mientras intentaba enseñarles

quebrados

la historia verdadera de la conquista de la nueva españa

me espiné la boca

con las mentiras y las tunas

me miraban como lamentándose

no por mí

no por ellos

por algo que nunca alcancé a ver

algo en el horizonte

en el mezquite

en mi torpeza al andar

en la lluvia que nos empapó

ellos impermeables

yo con los ojos enlodados

la boca llena de lodo

la boca llena de moscas

me miraban como disculpándose

por las moscas el lodo

mataron un pollo

el día que me marché

me miraban como si estuviera

llevándome algo

 

mezote

 

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Postales desde Xalapa (5).

hay calles
en tu vientre
donde se me han ido a morir
los pasos
recorrí esa ciudad
todas las veces
con un sonido
que arrastro todavía hoy
por la garganta
con las dos manos
en la ciudad que imaginaba
no estaba la niebla
no estaban los montes
no estaba aquí
aquí estoy

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Lloro por vos caballero

 

—De que morredes, filha, a do corpo louçano?
—Madre, moiro d’amores que mi deu meu amado.

.

.

Porque llorax blanca niña
Porque llorax blanca flor

.

 

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Postales desde Xalapa (4).

¿Quién puso en tu boca miel,
fruto de tierra sagrada?
¿Quién utilizó el pincel
(tinta de noche callada)
para pintarte con él
el cabello y la mirada?

Hace días que sólo bebo café. Así (será) contigo.

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hell & b a c k

 

 

Si escuchas hablar que han muerto,

no preguntes quién murió;

pues tan lejos de tu mano,

¿quién puede ser, si no yo?

.

 

Adiós, idiota, me voy a matar. Besos.

Quítale el “Besos”, es excesivo.

 

Volví. No.
He vuelto.

Te traje unos cerillos. Creo que deberías empezar a fumar, como que te combina.

Acuérdate de mí cuando

No importa. Vine a pedirte mis cosas. Los libros puedes quedártelos, pero la jarana y la libido, no.

Ya me tengo que ir a la chingada, sólo pasé a saludar. Es que dejé mal estacionada la pena y a esta hora me dan unas ganas terribles de rascarme la melancolía.

 

Los cigarros cómpratelos tú.

 

hell & back

 

Si un día me muero, quemen mi blog.

 

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Nada.

-Que sueñes con costas mejores.

-¿Costas mejores? Si al mar lo traigo hasta en el nombre.

L0017751 A woman diving off a bathing wagon in to the sea. Coloured e

Deberías estar nadando en estos arrecifes.

.

(Mi nueva página favorita: http://publicdomainreview.org/ )

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El hombre-pájaro / El ornitólogo.

(Encontré MÁS poemas de cuando tenía 17 años y me decían “jovenpromesadelapoesía”. Se los comparto ahora que tengo 22 y ya nomás me dicen “titúlate”).

.

El Hombre-Pájaro

Existe un hombre pájaro

que por las noches

llora con los sauces

y canta al oído

a las muchachas

que se han quedado dormidas

escuchando crecer la yerba.

Su plumaje

está compuesto

por poemas chamuscados.

Es inútil su captura.

El hombre-pájaro

no puede vivir en cautiverio

por mucho tiempo.

Quema la rama

sobre la que se posa.

Corta sus alas

para que

yo no pueda

mutilarlo antes.

Su voluntad es volátil.

Y su fuego,

ay, el fuego.

.

El ornitólogo

Mi ornitólogo sonríe

pero jamás hace ruido:

ha sacrificado la carcajada

por su vocación silenciosa.

En su cuaderno guarda

celosamente

los bocetos

de mis cicatrices.

Sus dedos de arcilla,

de espera templada,

cantan en vez de su garganta

y estas plumas

quedan ahora mejor

bajo su mano.

El ornitólogo nunca olvida

que tengo alas

hasta que me ha metido

en su jaula.

No cierra la puerta.

Aún así,

yo creo

que nunca olvida

que tengo alas.

Yo tampoco.

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Regalo de Reyes.

Les traigo amor y su regalo de Día de Reyes.

Acá está el texto completo (en español) de Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, de Philip K. Dick-ese-maldito-genio-esquizofrénico-mi-amor: http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/532d8cd61_fluyandijopolicia.pdf

Les dejo la rola que es el soundtrack de esta gran pequeña novela de ciencia ficción, esperando despertarles además la curiosidad por escuchar más música de John Dowland:

Esta es la letra, pa’ que se pongan a cantar:

Flow, my tears, fall from your springs!
Exiled for ever, let me mourn;
Where night’s black bird her sad infamy sings,
There let me live forlorn.

Down vain lights, shine you no more!
No nights are dark enough for those
That in despair their last fortunes deplore.
Light doth but shame disclose.

Never may my woes be relieved,
Since pity is fled;
And tears and sighs and groans my weary days
Of all joys have deprived.

From the highest spire of contentment
My fortune is thrown;
And fear and grief and pain for my deserts
Are my hopes, since hope is gone.

Hark! you shadows that in darkness dwell,
Learn to contemn light
Happy, happy they that in hell
Feel not the world’s despite.

Y acá está el poema completo de Thomas Gray que se menciona en cierta parte del libro: http://www.poetryfoundation.org/poem/173564

De nada, vatillos y morras. Feliz loquesea.

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Gustos culposos.

Ay, no. No. No me gusta el pop latino. No, no.
No, Martha, dije que no. Ya. Basta.
Martha, deja de reproducir el video. Qué oso.
No. ¿Lo vas a publicar en tu blog? ¿Cómo? ¿Cómo se te ocurre? ¿Cómo se desbesa el beso? ¿Quién se queda con lo amadoaaaaAAARRRGH. PERDÓN.

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Beauty standards.

Lo escribo por alardear y porque seguro a alguien que sienta lo mismo le hará bien leerlo:
Ya llegué al punto donde me doy cuenta de que siempre voy a ser caderona como venus paleolítica y alta como precio de gasolina y que, aún así, lo que está mal es Bershka y no yo. Que el que me menosprecia por mis atributos físicos seguro no tiene nada que aportar a mi vida, tampoco. Que nadie tendría que odiar ni atacar mi cuerpo (empezando por mí) nomás porque ocupa más espacio del que se supone que me correspondería.
Así que, una vez más y más convencida que nunca, les digo:

image

Y ya. Bonita noche.

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Su regalo de Navidad.

De nada.

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Canciones que no hay que dedicar.

Perdóname, yo misma, por arruinarme una canción.

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Balcón.

Atentos, atentos, vengo a balconear a un genio:

pff

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Llévame a mí, águila dorada.

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Monólogo 3.1

me gusta aún
tu sueño dislocado
tu ansia de colmena

es así
y hay que decirlo
aunque sea por evitar
que el silencio
me arranque la boca

a besos

como tú
ya no te atreves
a hacer

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Monólogo 2.2

Estábamos solos y borrachos, pero él estaba mucho más solo y borracho que yo. Pienso que él tenía más ganas de morirse que de coger. Se puso a canturrear esa canción, la que dice eso de “tú y las nubes me van a matar”.

Y a pesar de que yo llevaba años -literalmente, años- aguantándome unas ganas tremendas de cogérmelo, esa noche no me lo cogí. Me acabé el caballito de mezcal y me fui.

Estaba tan triste.

Me dio miedo que me contagiara. La tristeza también es una enfermedad de transmisión sexual.

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No me duele nada.

No me duele nada.

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Monólogo 1.3

No me haces falta, pero pienso que amándonos
dormiríamos mejor,
le daríamos cierto orden
a nuestros cuerpos inquietos,
tomaría de tu café todas las mañanas,
aprenderías a mirar llover desde mi ventana
y por no distraer a la boca
de la tuya
yo comería menos
y diría menos idioteces.

 

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Día 4.

Hay noches en que no nos soportamos. Es culpa de la costumbre, supongo. Pero nos queremos. Yo lo quiero, al menos. Él me necesita, lo sé, me lo hace saber continuamente. Dormimos juntos todos los días. O casi todos. Las noches en que no nos soportamos, él va a acostarse al sillón; a veces, por iniciativa propia y a veces, porque yo lo obligo.

Hay noches en que no soporto tenerlo lejos. Saco la cuenta de su edad y me aterra, me paraliza la idea de su muerte. Nunca ha sido muy atlético y enferma con regularidad. Ha pasado un par de veces por el quirófano, incluso, y yo siempre he fungido como su enfermera. Porque lo quiero. Cuando enfermo, no se separa de mi lado. Yo creo que él también me quiere. Me gusta pensarlo, cuando me mira leer, cuando lo miro dormitar, cuando vemos llover a través del ventanal de mi cuarto, cubiertos por las cobijas.

Es güero, casi nórdico. Tiene unos ojazos que abre enormes cuando siente miedo. Siempre siente miedo, de todo. Los ruidos fuertes, las personas desconocidas, los días solitarios… todo lo vuelve loco de terror. Fue en uno de esos exabruptos suyos que, aterrorizado, me lastimó. Lo justifico, lo perdono. Mi piel no, no lo perdona: Todavía, años después, tengo en los brazos sus cicatrices.

No hablamos nunca, pero no hace falta. Nos conocemos tan bien que tampoco queda mucho qué decirnos en palabras. Somos compañeros que en silencio compartimos una infinita sucesión de tardes, de caricias y de esto que, si no es cariño, por lo menos es complicidad, afinidad, ternura. Gato, que tú y yo nos acompañemos mucho tiempo más.

gato

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¿Saben qué?

¿Saben qué?

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(Adelantadísimo) Día 16.

Tendría que ser músico, por supuesto, como todos.

No tan guapo como el español divino que todas mis amigas me envidiaban, pero tampoco tan rotundamente feo como el publicista que fungió como mi tinieblo.

No tan alto como el geógrafo que es restaurador de arte virreinal y mide dos metros, pero tampoco chaparrito como el programador al que le llevaba quince centímetros.

Tendría que ser brillante como ése al que le puse “el Tigre” porque le escribí este poema; dedicado, como el que fue mi esposo casi tres años y al que le escribí este poema; ambicioso, como el húngaro que tenía seis gatos y al que no le escribí ningún poema.

Tendría que ser famoso como el rockstar; divertido, como el güero que tuvo una hija sin planear; gran conversador, como el economista que fue mi primer amor.

Tendría que oler siempre a madera, como el laudero, o a tabaco para forjar, como el Tigre.

Tendría que saber hacer el amor como el ex esposo, bajar por los chescos como el publicista, tocarme como el especialista en Derechos Humanos que es primo de mi amiga y morderme como el Diablo, a quien le llamamos así porque es malo, malo y simpatiquísimo.

Tendría moto, como el fotógrafo y el actor; tatuajes, como el colombiano, y su propio departamento, como el editor de la revista literaria.

Le tendrían que gustar los gatos, pero quizás no tanto como al húngaro.

Tendría que ser elegante, como el japonés que era tenista profesional.

Cariñoso, como el ex esposo, que sufrió tanto conmigo.

Valiente, como el cuarentón que nunca deja de viajar por todo el mundo.

Honesto, como el poeta poliamoroso.

Malicioso, como el hispanista que me rompió el corazón en la prepa.

Influyente, como el que salió gay.

Feliz, como ninguno de ellos.

Y existir, pues.

Si no existe, tampoco hay tanta bronca. Ya tuve un cachito de él en todos ellos.

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Día 1.

(A la manera de Borch).

Es alta, muy alta, tanto como para que sea lo primero que uno nota cuando la ve. Desde que recuerda, tuvo la noción de que lo bello debía ser pequeño; por eso, siempre quiso ser chaparrita, y de verdad que lo intentó: pasó la infancia agachada, tratando de mermarse para quedar a la altura del resto de sus compañeros, como ahora delata su pequeña jorobita. Apenas ahora, que es adulta, acaba de notar su jorobita. No sabe si todo el mundo la ha notado siempre y no le han dicho nada por cortesía, o si su propia mente deforma un pequeño defecto físico y lo vuelve gigantesco (le ha pasado antes). Pero es alta, muy alta, y no le gusta. Le da miedo. Detesta esa tortura terrible que implica el tratar de comprar ropa para una mujer que mide metro ochenta; toda la ropa está hecha para chaparritas, “como debe ser”, piensa, “porque lo bello debe ser pequeño”. Nada le queda. Y la ropa que le queda, no le queda bien: tiene un cuerpo raro, además. Un lado del pecho lo tiene un poco hundido, porque se formó junto con su hermano en el vientre materno y había poco espacio para que su pecho pudiera ser un pecho normal, aunque ella de verdad que siempre ha intentado ser normal. Y no puede usar anillos porque tiene los dedos gorditos. Toda ella es bastante gordita, aunque de verdad que intenta ser flaca; le cuesta mucho trabajo porque le gusta mucho la comida (lo dulce, sobretodo) y porque no puede masticar bien: la mandíbula le creció demasiado de un lado (herencia de algún ancestro proveniente de alguna casa real española, dicen los especialistas) y eso jode el metabolismo. Además, nunca fue buena en deportes y siempre prefirió leer en los recreos y de todos modos, sus compañeras nunca la invitaban a participar en los juegos porque era un poco torpe y muy buena para las matemáticas y los niños le decían “la bola” y ella mejor se quedaba leyendo en los recreos y sacaba diez en todos los exámenes y siempre era la abanderada de la escolta y era terrible porque la estatura la hacía parecer mucho más grande que sus compañeros de escolta, como si fuera una gorda estúpida que hubiera tenido que recursar el grado y a todos pido perdón por no haber sido perfecta de verdad que lo intenté PERDÓN.

Es alta, muy alta. Tiene ojos verdes.

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Mira, cabrón, nos dibujaron.

Mira, cabrón, nos dibujaron.

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Versitos para son jarocho.

A esta mujer que te adora

no niegues tu beso tibio.

Aunque me llamen traidora,

no te creas aquel delirio;

tengo muchas veladoras

pero prendo un solo cirio.

.

Dicen que el que siembra vientos

recogerá tempestades

y es verdad, porque yo siento

que ya te lloré dos mares;

estoy pagando el momento

en que causé tus pesares.

.

Triste, me puse a beber

torito, caña y tequila.

Me dijo al amanecer

un lucero que titila:

“Si ese no te va a querer,

hay otros haciendo fila”.

.

De su cama, me han contado,
las sábanas son celestes.
Como yo soy colorado,
le pido que una me preste
pa’ que en el cielo me acueste
y despierte yo azulado.

.

Cada que mi negro toca

se me agita el corazón.

Su amor me trae medio loca,

quisiera poder ser son

para hacer nido en su boca.

.

No sé cuál de tus raíces

es la que me gusta más:

la india en tu piel morena,

la blanca de tu versar,

la negra de tu melena

ondulada como el mar.

.

Quisiera yo ser jarana

para estar contra tu pecho;

como no te da la gana,

traigo el corazón maltrecho

pues no llega la mañana

que amanezcas en mi lecho.

.

Qué rápido sale el sol

cuando temo la mañana

y qué frío que se siente

aquí, dentro de mi cama,

cuando recuerdo de noche

que duermes con otra dama.

.
Sé que sufres, morenito,

es por pura necedad.

Ya algún sabio dejó escrito

p’al que espera a su mitad:

Ya que estamos tan solitos,

juntemos la soledad.
.

Yo sé que soy del agrado

de aquel moreno que quiero:

con todos es toro fiero

y un becerrito a mi lado.

.
.
Llevo la noche penando

por un hombre de sombrero.

Ahora se está retirando,

que me responda primero,

que me responda primero

si he de verlo, ¿cómo y cuándo?
.
.
Las palabras como yuntas

nos han querido imponer.

Eso de que “ni difuntas”

no hay que creérnoslo, mujer;

los que no nos quieren juntas

algo nos han de temer.

.

Hoy le tuve que vender

de mi puesto un sólo mango.

Mucho tardó en escoger

uno que esté madurando;

si usted no lo va a querer,

no me lo ande mallugando.

.
Me han dicho que tenga miedo,

que me arrodille a rezar,

pero yo pienso que el cielo

solita lo he de alcanzar.

¿Sermones, pa’ qué los quiero

si tengo alas pa’ volar?

.
Anoche te hice una cama

de astillas de carabela.

Para navegar contigo

le bordé olas a la tela

y a golpe de mis suspiros

habrá de hincharse la vela.

.
Mis ojos no se contienen
por mirarte ni un segundo,
sabiendo tan ancho el mundo
y que tan cerca te tienen.
Sólo a mirarte vienen,
a tenerte sin tenerte.
¿De qué me sirve no verte?
Si igual me mata tu ausencia,
no será gran diferencia
que, al verte, venga mi muerte.
.
.
Mucho me han dicho en la vida,
que me llamen como quieran;
no es la última o primera
que me dicen presumida.
Según la vara que mida,
soy o no soy presuntuosa;
¿es malvada la orgullosa
de algo bueno que ha obtenido?
Malo, aquél que es presumido
sin ganar alguna cosa.
.
.

Hace tanto nos perdimos,
tantas tierras nos separan
que, si las sendas hablaran,
llorando, cada camino
contaría que nos quisimos
como nadie pudo amar,
que un mal día echamos a andar;
de tan lejos que llegamos,
sólo al cantar nos hablamos
y nos vemos al soñar.
.

.
“De esa agua no he de beber”,

me dijo uno muy subido

mas no pudo sostener

lo que me había advertido:

el que no me iba a querer

de mis aguas ya ha bebido.

.
Si fue por verte, mi bien,

el desvelo es lo de menos.

¿Qué no paso el tiempo en sueños

sólo viéndote, también?
.

No tengo voz de primera

ni salí buena pa’l baile

y, aunque no soy jaranera

ni canto mejor que nadie,

yo puedo a la tierra entera

hacerla verso en el aire.

.

.

El aguanieve

.

Aunque el invierno me duela

y el frío casi me mata,

la primavera no vuelva,

no vuelva si será ingrata.

.

.

El Balajú

.

Soy serpiente de la mar

que entre las olas anido.

Hice a muchos naufragar,

sólo a uno dejé vivo

y ese es quien me va a matar

con el arpón de Cupido.

.

Del uso rompi el anzuelo,

traigo la atarraya llena,

pero no encuentro consuelo

porque no pesqué sirena.

.

Ariles, mi bien, ariles,

ariles del mar inquieto,

dicen que más vale sola

que andar tras de algún coqueto.

.

.

La bamba

.

Como no puedo hablarte

y te quise tanto,

ahora en vez de llorarte

mejor te canto.

.

Ojos café de olla,

dulces y amargos,

si no duermo de noche

es por mirarlos.

.

Una vez que te dije

me dieras de eso

se te puso la cara

color de yeso.

.

Dices que no me quieres

por ser tan alta,

sólo voy a decirte:

no me hace falta.

.

Dices que no me quieres

por ojiverde,

sólo voy a decirte:

tú te lo pierdes.

.

.

El camotal

.

Yo tenía mi camotal

a la sombra de un mezquite.

Por no saberlo cuidar

me lo ha quemado el cacique,

por eso me fue tan mal.

.

.

El cascabel

.

Eres la víbora güera

que me picó la otra tarde.

Tu veneno sí que quema,

tu mordida sí que me arde,

pero qué bonito suena

tu cascabel y su alarde.

.
Ay, Soledad, Soledad,
Soledad de sueño en mano,
dile que p’allá me lleve
si me regresa temprano.
.
.

Ay, Soledad, Soledad,

Soledad como ninguna,

no te doy mi cascabel

ni aunque me bajes la luna.

.

.

Los chiles verdes

.

Yo dejé secando al sol

todos mis chilitos verdes,

porque al igual que tu amor,

también la boca me muerden

pero dejan buen sabor.

.

Tienes lengua de chipotle,

me quedé toda enchilada;

le echo la culpa a tu beso

aunque no me supo a nada.

.

.

La Morena

.

Moreno de ojos de fuego,

ya no te volveré a ver.

Del mirar nace el deseo;

del deseo, el padecer.

¿Mirarte pa’ qué lo quiero

si no te puedo querer?

.

Yo, que a cien batallas fui,

nunca toqué retirada;

en mil peligros me vi,

jamás tuve miedo a nada.

¿Quién diría que ayer huí,

moreno, de tu mirada?

.

Dichoso el árbol que dio

en cada rama una pera,

pero más dichosa yo

cuando el moreno me quiera

y también lo quiera yo.

.

Moreno, me voy mañana,

mi ausencia te dé tristeza

que si tú ya no la extrañas,

esta güera no regresa.

.

.

El pájaro carpintero

.

No confío en el carpintero

que es un pájaro villano;

me dice: “¡Cuánto la quiero!”,

no sabe cómo me llamo.

.

.

El pájaro cú

.

Me ha contado un pajarito

que de mí andabas hablando,

que de mi amor, morenito,

te habías estado burlando.

Con más razón verifico

que por mí sigues penando.

.

Bajó de la serranía

el muchacho que yo quiero.

Él es pájaro del día,

tiene el corazón sincero

pues se cansó el alma mía

del ave de mal agüero.

.

.

La lloroncita

.

Me duele tanto saber

que a ti no te duele tanto;

que de cuatro ojos, el llanto

sólo en dos ha de correr.

,

,

La petenera

.

Dicen que la petenera

por amor vive penando

y que es como la sirena:

de pesadilla y encanto;

por su amor se ha de llorar

mas valdrá la pena el llanto.

.

El que siendo marinero

le canta a la Petenera,

que se cuide, compañero,

pues del mar es dama fiera

y usted no sería el primero

que la quiera aunque no quiera.

.

.

Estribillos

.

Aquella muchacha

desde su balcón

les manda avisar

con este pichón

para el que pretenda

a su corazón

que con ella duermen

los privilegiados,

los de grandes mentes,

los guerreros bravos.

Al que no es valiente

y aquél que es avaro,

que ya ni lo intente,

queda descartado.

Lo dice de frente:

su amor sale caro.

.

(Todos los versos son míos y, como casi todo en un fandango, son para compartir. La entrada se irá actualizando conforme vaya inventándome más. Cántenlos, dedíquenlos o hagan con ellos lo que les plazca, se los regalo).

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